Davos y la reunión anual de timadores climáticos

Que tiempos estos que nos ha tocado vivir. Una maravilla sacada de la cabeza de Papá Noel hasta arriba de tripis en la víspera de navidad mientras Mamá Noel le baila la macarena con un disfraz de Espinete. Tiempos donde un colgao puede decir lo que quiera y la mayor parte de las voces se muestran siempre dispuestas a darle una mano en auxilio a su tontuna absoluta, lo que consigue que se crezca y empiece en modo metralleta con sus bobadas y cospiraciones. Y no es distinto entre las supuestas élites económicas, ¿verdad? El problema es que esos de arriba cuando sueltan alguna tontería, suele esconder cierta dosis de realidad; por pequeña que sea, ahí está. Y ayer le tocó el turno al presidente del conglomerado chino Alibaba, Michael Evans. Ese señor de apariencia indómita (mentira, la verdad es que es el típico señor calvo random que te puedes encontrar en la cola del Mercadona preguntándole a la cajera si el Just for Men funciona en los pelos del culo) nos deleitó con unas declaraciones que pululan entre la estupidez y el terror. Parece ser que en su cabeza sonaba espectacular la idea de crear un rastreador de la huella de carbono de cada ser humano, que registre a dónde vamos, qué compramos, qué comemos, qué hacemos… Es decir, que registre todas y cada una de nuestras acciones. Por supuesto esto no dejaría de ser el paso previo para emitir sanciones al ciudadano que supere el cupo establecido para cada persona, a raíz de su condición social y nacionalidad. Y si lo superaras, te podrán sancionar o simplemente, privar de comprar, viajar y comer ciertas cosas en determinados momentos.

De conducir nos privarán en breves, pero eso parece que ya lo hemos aceptado sin poner demasiados palos en las ruedas.

Ellos estarían exentos porque necesitan sus jets privados, sus coches y yates de lujo y sus comidas de plato principal: animal en peligro de extinción, para negociar contratos con los que seguir jodiéndote a ti, currito de pacotilla. Porque si tu trabajo lo puede hacer una máquina, tú sobras. Por supuesto es una idiotez, pero una idiotez que puede esconder el uso del Crédito Social o Carnet de Buen Ciudadano que lleva en uso en territorio chino un tiempo, que sí veo ciertamente factible que se acabe implementando.

No me cabe duda de que la mayor parte de este tipo de declaraciones son auténticas bobadas en boca de personas que tienen suficiente con no ahogarse cada vez que respiran, pero también esconden unas dosis de maldad y superioridad auto impostada que sí debería de preocuparnos, porque las decisiones que se están tomando por la élite política en general, llevan mucho tiempo desviadas de lo que se conoce como el bien común de la ciudadanía. Ellos van por su camino y nosotros estamos bombardeando el nuestro, incapaces de actuar en consecuencia, divididos y maniatados por nosotros mismos.

La misma élite que beatifica para que te comas las medidas que están tomando contra el cambio climático, es la misma que suele olvidarse de ir a trabajar en bicicleta. Ellos tienen que viajar con un séquito de veinte coches de 2 toneladas cada coche, y no eléctricos precisamente. Tienen que moverse en distancias similares a las de Madrid-Albacete en sus aviones a reacción, porque es imposible pensar que salvo para el postureo consecuente de la foto de rigor, puedan hacerlo en tren. Yo les animaría a ir subiéndose a la bicicleta. Porque, como nos dijo una noruega ayer: estas medidas van a traer inflación y problemas a corto plazo, pero las disfrutaremos en esta carrera de larga distancia. Noruega, si, Noruega. Los camelleros de Europa. Ese país que hasta hace dos días apenas había salido de las cuevas, y cuando descubrió que nada en petróleo se cubrió de oro. Noruega ha encontrado en el negocio verde, el negocio del momento. Por eso Noruega pontifica contra las energías fósiles, mientras vende su petróleo de perfecta calidad a todo el globo.

Noruega es una hipocresía tangible, de carácter vívido y que podemos sentir frente a nosotros sin que nadie nos lo diga. Noruega es el usuario principal de este juego pero en modo nación, luego ya tenemos a infinidad de empresas que se han subido a este carro como mera oportunidad de hacerse de oro gracias a esta sociedad de memistas más memos que el memo más memo del planeta. Y el mayor problema no es ese, porque contra eso se podría luchar. El problema es que tú, el ciudadano medio al que esas medidas están empobreciendo, abrazas ese movimiento sin plantearte por un segundo a ver qué es lo que va mal en todo lo que te venden. Y créeme, son muchísimas cosas. A fin de cuentas, desde el mismo momento que las personas que te “avisan” del apocalipsis, siguen viviendo a todo tren riéndose en tu cara, es que algo en todo esto no cuadra. Si los que te dicen que en una década el nivel del mar nos va a tragar, pero se compran propiedades y se construyen megacasas en esas zonas que van a “desaparecer” en diez años, es que algo en todo esto no cuadra. Y no es conspiración, es realismo puro y duro. Porque el cambio climático sí entiende de clases. El cambio climático te afecta a ti, el currito que gana 1000 euros al mes y maneja un coche con más kilómetros que el Falcon de Pedro Sánchez, no afecta al CEO de Amazon o el Primer Ministro de turno. Te afecta a ti, que te hace más pobre, no a él, que le hace más rico. Y desde el momento que se divide entre ricos y pobres, cualquier opción de intentar vender esto como un problema y urgencia global, se acaba.

El día que vea a Jeff Bezos, Von der Leyen, Sánchez o Trudeau ir a Davos en bicicleta; el día que vea como Noruega, Reino Unido o Canadá, dejan de perforar sus pozos y sacar petróleo de sus costas, empezaré a tomarme en serio sus proclamas. ¿Os parece un argumento simplista?, es lo que toca contra soflamas más simples que el mecanismo de un cazo.